lunes, 12 de diciembre de 2016

Insonorizada

Estoy sentada en una habitación a oscuras. Me sitúo tras un rincón solitario donde la luz del exterior suele reflejarse, allí; donde disfruto del silencio abatido y me acaricia las mejillas la soledad. Soledad que muchos creen no tener ni poseer e inevitablemente les pertenece.
Pensando fríamente, he comprendido que los pasos que te impulsan a soñar los recorre únicamente tu presencia. Por muchas manos amigas que tengas o finjas tener; es así. 
Y ahora, que me encuentro aquí en el frío suelo, rodeada de este abrumador silencio, no siento nostalgia alguna ni le temo a la oscuridad. Más bien la disfruto. Negaré rotundamente que mis gritos no fueron escuchados, más sabiendo que servirá de poco. Alzaré mi voz por si algún líder quisiera oírla; mientras, mis gritos de clemencia continuarán en la sombra, callados al ser excusados por argumentos que no traspasan lo superficial. Pero el rendirse no está entre mis opciones, por mucho que me acurruque para descansar por unos instantes y tomar aliento. Porque lo único que estoy haciendo es seguir cogiendo carrerilla.  Los boletos premiados de la derrota ya estan posados entre mis manos,sin embargo no saborearé la amargura de esta batalla hasta situar los índices de inteligencia sobre los músculos de aquellos que intentan arrasar expectativas futuras. El juego consiste en ir diez pasos por delante, y mi lucha no cesará hasta conseguir mis objetivos.  Presiento que otros ojos mantienen  mi misma mirada, no es posible insonorizar tanto desazón. Mantengo la esperanza que alguno de esos individuos delate su jugada, únicamente para sentirme un poco más arropada. Un soldado no puede ganar una guerra. Uno sólo, no. Muchos, tal vez sí. -Narrovi



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