martes, 21 de junio de 2016
Noche de campamento
Todos estamos acostumbrados a seguir el ritmo que comporta el vivir en una ciudad y olvidamos alejarnos de todo aquello artificial que nos rodea; dándole nimiedad a aquello que nos creó realmente. Hace unos días volví a vivir la experiencia, la de estar en contacto con la naturaleza, y fue un motivo más por el cual sonreír en este inicio de verano. Doce chicas dispuestas a celebrar un cumpleaños en medio de un ejército verde, junto a tres tiendas que servirían como refugio para sobrepasar la noche. El trabajo realizado en montar las tiendas luego fue agradecido por nuestros cuerpos al no encontrarnos tan expuestas delante del bosque. Allí arriba el aire contenía pureza, la que no se respiraba en medio de la civilización rodeada de ruidos contaminantes que espantaban cualquier sensación de paz. El roce de mi piel con la tierra helada creaba una reacción placentera a mi ser pues sentía conexión con nuestro origen, nuestra madre tierra. Atardeció y amaneció estando nosotras presentes de las espectaculares imágenes que se dibujaban entre las nubes. De fondo nos acompañaban las relajantes melodías de cuatro pájaros que despertaron y decidieron comenzar el día dedicándole un canto al sol. El viento fue nuestro mayor enemigo. De vez en cuando sienta bien no poseer las sábanas de tu cama a tus pies y aprender a convivir con el frío cara a cara; empezando a valorar pequeños detalles, como la suerte de emprender tu viaje hasta tus sueños cada anochecer, junto al calor de un hogar. Durante el transcurso de la noche percibimos los salvajes aullidos de los depredadores que observaban nuestro campamento desde la lejanía, lobos con sus penetrantes miradas o tal vez simples razas perrunas ; depende de la aventura creada por cada imaginación. A consecuencia de la gran obra de arte que nos regaló la naturaleza, nuestros párpados no llegaron a permanecer en el suelo durante demasiados segundos a lo largo del transcurso de la noche. Absorbimos los máximos detalles de aquella expedición, pues tocaba desmontar el campamento , dejando atrás todos aquellos secretos que la vida nos delataba, para emprender el viaje de vuelta a la civilización. Dejando atrás nuestro lugar de origen, lugar donde podíamos ser libres. -Narrovi
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