martes, 28 de junio de 2016

Arreglando un corazón

Cuando sueñas con un corazón roto, el despertar es la parte más difícil. Intentas escapar de las sábanas que te retienen a tu cama, situándote en el borde, procurando descifrar si tu alrededor es realidad o sigue siendo fruto de la imaginación. Las ganas de actuar son escasas en el interior de tus venas; esta vez  les cuesta circular. Sigues permitiendo la cursa del tiempo malgastada en la visualización del techo blanco de tu habitación. Tras cerrar los ojos por penúltima vez, no ves absolutamente nada. Ni las ilusiones ni el pensamiento son los protagonistas de tu mente. El vacío se ha apoderado de ella. Simplemente eres un cuerpo inerte, posado sobre un colchón viejo, que mantiene un débil latido. Empiezas a dudar si él de verdad estuvo allí o si sigue estando en tu cuarto. Pero él no está.
Cuando sueñas con un corazón roto, el renunciar es la parte más complicada. A veces es mejor regalar un adiós. Por un momento vuela hacia tu cabeza una antigua imagen de una escena conocida. Recordarla hace que te cueste respirar. Sitúas una mano sobre el pecho izquierdo para calmar la aceleración de éste. Continuas observando tu paisaje blanco, preguntándole si se hubiera quedado o si  hubiera amanecido un día más a tu lado. Pero él no puede, porque ya se fue.
Dormiré con flores en mis manos para atraer de nuevo  todas sus piezas deterioradas. Seré la atractiva palma anciana para aves.
En el caso de que consiga reunir todos sus pedazos, sanaré todas sus heridas abiertas.
Porque cuando sueñas con un corazón roto, el palpitar es la parte más compleja. - Narrovi

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