martes, 17 de mayo de 2016

Ella

Su pestañeo era lo único que por segundos le impedía observar todos los detalles de su entorno. Ella continuamente se lamentaba de no aprovechar al máximo sus latidos, que por aquellos instantes tenían la suerte de permanecer con vida. Se sentía afortunada de poseer esa suerte. Por su mente siempre corrían las mismas preguntas sin respuesta, y aunque la martirizaran en muchos momentos, eran una de las únicas razones por las cuales elegía salir un día más a empaparse del mundo.Era una de esas personas agradecidas que no calman su sed de angustia hasta que no piden mil disculpas a los afectados. De lo contrario, se le creaban nudos de culpabilidad en su estrecha garganta. Su objetivo era irse cada noche a su cama con la mente limpia y sentirse satisfecha de haber formado parte, un día más, en la historia de la humanidad. Constantemente sentía que se le escapaban muchísimos matices de su existencia. Se sentía estúpida y vulnerable al parecer una simple criatura ante los ojos de los espectadores y que estos la trataran como un ser insignificante. Ella sabía todos los secretos que guardaba en su interior y siempre prefería acompañarlos de su sonrisa. Le encantaba impregnarse de libertad, sensación que sentía cada vez que desaparecía sobre su bicicleta. Su don era perderse por los campos de las afueras de la ciudad y formar parte, de alguna manera, de todo aquello que la rodeaba. Cambia tu punto de perspectiva, decía, las cosas no siempre son lo que aparentan. Y junto a su teoría, esa pequeña niña,tenía toda la razón en su mente; pues tras  su rostro de niña excelente y alegre se escondía algo más de lo que la gente creía saber: el secreto de la felicidad. 
De nuevo, un pestañeo la desconcentró de sus pensamientos. Solo era una adolescente delante de un espejo. Ella, yo, reflejada en mi propio reflejo.      
  -Narrovi


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